¡No pierdas el control, y regresa a tu camino!
Esto no es una súplica, es una carrera. La pista rítmica del rock arranca con urgencia, como quien ya perdió demasiado tiempo pensando. Los cantos llegan sin rodeos: habla de extrañar, pero con una intensidad que no pide, exige. No ha melancolia general, hay también movimiento.
Los destellos avanzados del synthpop aparecen por los costados, apenas un roce que anticipa lo que viene. En el minuto 2:04, un furioso riff de guitarra no se contiene. Duele pero incrementa. Acompañado por un coro central que se siente como correr sin parar.
Los puentes, en cambio bajan la tensión con sonidos que flotan, como pequeños respiros antes del siguiente golpe. El final busca no rendirse: la guitarra se desvanece pero las líneas melodías se superponen, se niegan a callar del todo. Es decir, se apagan, pero dejando una emoción de que aún continúa el camino por otro lado. La aventura busca liberar una desesperación íntima para encontrar la esperanza en en volver con esa persona especial.



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