¡La profundidad te sumerge por completo!
La melancolía que desprende la obra te lleva a un entorno inhóspito. Con matices sureños del country se desenvuelve a un ritmo lento, de esos que invitan a detenerse para reflexionar un momento. No busca una pronta urgencia; presenta un espacio de contemplación sostenido por capas de acordes de guitarra, algunas sutiles, pero que generan una sensación de incertidumbre.
La intervención vocal se basa en su contenido, justamente en instantes de mayor entonación, donde se percibe un matiz melancólico. Aunque la letra proviene de una tradición más festiva, recalcando costumbres sureñas donde este generó resuena con mayor resonancia. De esta manera adquiere un tono intimó, transformando en algo más que reflexivo.
Aquí el eje dominante es la guitarra, la cual cual es acompañado por un sonido que me recuerda al fiddle tradicional, pero con un timbre ligeramente distinto que aparece de forma constante. Aporta suavidad y la vez carácter rural. No hay grandes cambios, pero esto no deja de ser una línea estable que se refuerza en cada instante.



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