¡Dejaras de llorar al subir el volumen!
Cuerdas de guitarra se instauran desde el principio, avisandonos que un despertar de country se incrustra con fuerza en una atajada relajante de Souther Rock. El canto central, no impone, sirve para marcar el acompañamiento rítmico, aparece para iluminar y volverse apagar. Como si se tratara de una respiración que medita, pero cuando exhala controla el panorama completo.
Durante estos espacios en blanco, se pintan con acordes de guitarra o violín, como si se tratara de dulces caricias que consuelan. La tristeza no nace de las entonaciones, más bien de lo que hablan; la impotencia de no dejarse derrumbar por un amor que ha decidido alejarse, no lo hace para demostrarse rudo, sino para seguir creyendo en uno mismo.
Llega un interludio durante el minuto 2:19, no solamente para crear un espectáculo destellante, te abraza para que puedas añorar con sabiduría lo que ha sucedido en tu vida. El final es suave, como tranquilidad que llega después de haber aceptado la realidad.



0 Comments