¡Solo dejate llevar por la suavidad del amor!
Lo interesante de esta nueva experiencia, es que no está en lo que nos muestra, sino en lo que esconde. Su principio fuera de lo digital, nos entrega una carta de presentación por arpas y cuerdas de violín. Como una forma de entrar a una obra que busca encontrar un revelación interior. El peso que existe entre lo electrónico y orgánico sostiene todo el viaje de manera pacífica.
La lírica entra con tranquilidad, pero con el reverb ayuda a flotar pero sin perder el cuerpo. No compite con la base, se acuesta sobre ella: las capas digitales, juegan a desaparecer y reaparecer, como si alguien subiera y bajara faders de manera improvisada.
Cuando el primer choque, no explota; respira. Pero el segundo, presente durante el minuto 3:35, en cambio, resalta la belleza del campo estero hasta que una sutil marco rítmico que recuerda al afrobeat se funden en una sola masa sonora. Concluye con una decisión; un canto se va con ecos y las melodías se apagan en orden inverso. Así, queda un silencio pero que se agradece por su liberación.



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